sábado, 27 de octubre de 2012

Edward Bloom corriendo entre taxis y ascensores.

A diferencia de lo que pueda pensar mucha gente que me ve sobre el escenario, soy una persona tímida cuando no estoy sobre las tablas.

Foto: Alm (München)

Tímido no quiere decir borde, ni arisco o esquivo. Realmente me cuesta mantener el ritmo en "conversaciones de ascensor". Siempre se me dio mal hablar sobre nada. Cuando estoy metido en uno de esos momentos, siempre pienso en un episodio de Los Simpson en el que Homer es invitado a una fiesta de cumpleaños en casa de su jefe, el señor Barnes, y se pasa todo el día anterior a la fiesta recordándole a toda la familia que lo importante es que pasen desapercibidos y no se hagan notar. Al final, como no podía ser de otra manera, Homer está tan paranoico durante la fiesta, que acaba liándola parda, corriendo detrás de Bart y Lisa mientras grita a pleno pulmón "¡Sed normales, sed normales!". Pensar en ese capítulo me quita un poco de tensión, porque me reconforta saber que hay unos cuántos a los que les resulta complicado parecer normales en según qué situaciones.  Dos de los momentos más proclives para desembocar en una de esas encerronas son; evidentemente cuando te subes en un ascensor y cuando vas con un taxista parlanchín. Para evitar la primera la de las dos, suelo utilizar la tonificante solución de usar las escaleras. Para la segunda, hace algún tiempo que he desarrollado un mecanismo de defensa que cada vez me tiene más enganchado, que es inventarme que soy diferentes personajes metidos en medio de historias en curso. De esa manera, durante unos minutos, he llegado a ser un saltador de vallas, un abogado, un futbolista, un periodista, un detective o un notario y todos ellos en medio de una prisa horrible porque están a punto de perder un vuelo, un tren, o llegan tarde para escuchar la última voluntad su mejor amigo. Con ese sistema todo el mundo está contento, porque hay juego sobre la mesa. Quizá le deba la idea a uno de mis personajes favoritos: Edward Bloom. Cuando le conocí mi vida tuvo mucho más sentido... y ahora ha vuelto a darme otra bola extra. El camino es mucho más divertido cuando le añades un poco de color.

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